Radares, Imágenes Satelitales, Rayos Láser Aerotransportados y Prospección Magnética

… son algunas de las tecnologías que hoy permiten detectar lo que los siglos han dejado bajo tierra.

Uno de los hitos menos conocidos del malogrado transbordador Columbia fue su aporte a la arqueología. En noviembre de 1981 descubrió desde el espacio valles y lagos enterrados bajo el Sahara e incluso sitios humanos correspondientes a la edad de piedra, fechados 9.500 a 4.500 años antes del presente.

Lo hizo con la ayuda del Shuttle Imaging Radar SIR-A (Radar de Imágenes de Transbordador). Fue una de las primeras aplicaciones de tecnología remota en la arqueología, algo que se ha hecho habitual para los investigadores. Ya sé con la ayuda de distintos tipos de radares, imágenes satelitales, rayos láser aerotransportados o prospección magnética, los arqueólogos han podido descubrir estructuras que permanecían ocultas.
Lo más impresionante es que consiguen evidencia precisa sin haber tenido que hacer una costosa excavación, con la inevitable destrucción del entorno que eso implica.


Con la ayuda de radares aerotransportados y fotografía remota, la NASA descubrió 74 templos en el complejo religioso de Angkor en Camboya.

En Belice, por ejemplo, los arqueólogos Arlen y Diane Chase lograron detectar en 2009 estructuras habitacionales, caminos y zonas de cultivo en torno a la pirámide Maya de Caraciol, que se encuentra prácticamente rodeada por una espesa jungla.
Para ellos hicieron uso del Lidar (Light Detection and Ranging), un sistema de medición remota que funciona de forma similar al radar, y que proporciona imágenes de las distintas capas del follaje o del terreno, sobre la base del tiempo que demoran en regresar al instrumento una serie de rayos láser previamente emitidos desde un avión.

En cuatro días mapearon 200 kilómetros cuadrados, reuniendo más información que toda la que habían obtenido en 25 años de investigar el área a pie.
Chase adelanta que en abril harán con su equipo una nueva medición. “Cubrirá 1.050 kilómetros cuadrados adicionales en el área al norte y oeste de Caracol”, cuenta Arlen Chase.

En el convulsionado Irak los investigadores del instituto arqueológico alemán, entre 2002 y 2004, lograron mapear gran parte de la ciudad de Uruk, que alcanzó su apogeo hace más de 5 mil años.

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Para ello emplearon la tecnología de la prospección magnética de alta sensibilidad. El equipo, un magnetómetro, entrega imágenes parecidas a las radiografías y con ello es posible detectar estructuras sepultadas hasta un metro bajo tierra. Fassbinder explica que el aparato registra las perturbaciones en el campo magnético terrestre que produce cualquier elemento ajeno al suelo natural. “Las mediciones revelan muy claramente algunas estructuras edificadas, como templos y palacios, canales, jardines y una muralla de 12 kilómetros de largo”, cuenta.

La tecnología también h asido empleada en sitios de Europa, como las ruinas de Troya, y en el entorno aún no excavado del palacio del mítico emperador Qin Shi Huangdi, en China.

Estos avances sin duda permiten recuperar un conjunto de información que sin esta tecnología sería complejo de obtener, destaca el arqueólogo de la Universidad de Chile Andrés Troncoso. Además, señala, permiten generar bases de datos para efectuar análisis espaciales y conocer sistemas de organización social, complejidad social y manejo político de las comunidades.
No obstante esas nuevas tecnologías no son en sí mismas un objeto a cumplir, sino un punto intermedio en el proceso de investigación, explica.

De hecho, aunque la obtención de datos por esta vía ha evitado las excavaciones prospectivas, eso no significa que alguna vez no haya que hacerlas.
Claro que eso involucra nuevos presupuestos, a veces millonarios, que cuesta obtener. De hecho, en Uruk las excavaciones que permitirían verificar los hallazgos aún están pendientes.

Fuente:

Emol

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