La antártica oculta gigantescas montañas

Científicos mapearon con radares la superficie bajo los hielos del continente blanco y encontraron un cordón montañoso comparable con los Alpes.

Al sobrevolar la Antártica se ve un gran y extenso manto blanco sin grandes interrupciones. Pero si se hace el mismo sobrevuelo con un radar capaz de atravesar el hielo, el panorama es completamente distinto. Montañas parecidas a los Alpes se yerguen majestuosas.

Cerrando el Año Polar Internacional, un grupo multinacional de científicos presentó las primeras mediciones de la cordillera Gamburtsev, un cordón montañoso que se encuentra en la mitad del continente y cubierto por una gruesa capa de hielo de cuatro kilómetros de espesor.

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Como en Suiza

Gridoriy Gamburtsev, geofísico ruso, descubrió las montañas hace 50 años. Desde entonces, sólo en los 70 la zona fue estudiada brevemente.

Hasta ahora no sabían que el cordón tiene un tamaño similar a los Alpes. “También se les parecen en más cosas, como en sus picos y valles”, dice Fausto Derraccioli, geofísico que lidera el equipo británico de la expedición. También participan estadounidenses, alemanes, chinos, australianos y japoneses.

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La Gamburtsev desparrama su magnificencia por unos 700 kilómetros a lo largo y otros 250 a lo ancho. Los mapas, aun en elaboración, están entregando pistas de la formación de glaciares y de acumulación de hielo en el continente.

El cordón montañoso sería la cuna del nacimiento de la capa este de hielo antártico, que se extiende por 10 millones de km2.

“Si la capa de hielo se formó lentamente, es esperable encontrar montañas erosionadas y chatas. Pero la presencia de cumbres y valles sugiere que la capa se formó rápidamente. “El desafío es bucear en los datos para descubrir lo que realmente ocurrió”.

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Ubicación zona de estudio

Desee un avión equipado con radares capaces de atravesar el denso hielo, los científicos estudiaron un quinto de la zona este de la antártica. En total volaron 120 mil kilómetros, los mismos que se necesitan para dar tres vueltas completas al globo.

“Si bien la temperatura de nuestro campamento promediaba los -30° C, tres kilómetros bajo nuestros pies, nos topamos con agua líquida en los valles. El radar que llevaba el avión en sus alas emitía energía a través del hielo, y nos mostró que en lo más profundo del hielo la temperatura era mucho más alta”, cuenta Robin Bell, del Observatorio de la Tierra Lamont-Doherty, de la U. de Columbia.

El radar también permitió identificar las distintas capas que engrosan el milenario hielo.
Ello ayudará a identificar el mejor punto para perforarlo en busca de testigos, esos largos cilindros de hielo que conservan intacta la historia climática del planeta a través de los milenios.

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Fuente:

EmolBritish Antarctic Survey

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