Geocaching – La nueva caza del tesoro

En vez del lorito en el hombro, algunos se hacen acompañar de su perro; cambian la pata de palo por bastones de trekking y reemplazan el ajado mapa con la cruz en el objetivo por un moderno GPS. Es el geocaching: la búsqueda del tesoro para niños y adultos que transforma un paseo común y corriente en toda una aventura.

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Cuando chica disfrutaba mil con películas como «Los Goonies», «Indiana Jones» o «La Joya del Nilo», donde los protagonistas emprendían arriesgadas pero entretenidas odiseas, para finalmente SIEMPRE dar con el tesoro perdido. Un GPS que hace poco cayó a mis manos, me ha permitido revivir esas emociones realizando mis propias excursiones con sus respectivos cofres.

Este juego, llamado geocaching, se ha vuelto cada vez más popular y cada día hay más tesoros escondidos o «caches», tanto en la ciudad como en parques y pueblos pequeños. En mi caso, mi primer tesoro estaba escondido en el estacionamiento de una biblioteca. Después de pasearme y pensarlo un buen rato, me di cuenta de que la única posibilidad era que se hallara en el poste que estaba mirando.

Levanté una latita porque hay que ser curioso (eso sí teniendo cuidado de no meter las manos en lugares peligrosos: ojo con los cables eléctricos) y brilló una pequeña cajita metálica: mi primer cache. Adentro había un par de «cachureítos» como un gusano de plástico, unas monedas, una bolita, un soporte para las pelotas de golf (tee) y un papel. En este último -la jerga experta lo conoce como «log book»- pones tu nombre, la fecha del hallazgo, qué tomaste y qué dejaste a cambio.

La verdad es que importa poco qué cositas hay dentro de la caja, la gracia está en la cacería misma y en lograr el objetivo. Incluso a veces los «caches» son tan pequeños que sólo contienen el papel para dejar tu nombre; eso no lo hace menos excitante, ya que la búsqueda se vuelve aún más desafiante porque, por lo general, están bien escondidos y son difíciles de pillar.

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He visto algunos «caches» tan pequeños que llegan a medir menos de una pulgada, donde el papel está tan enroscado que después es difícil volver a guardarlo. Todo está en el ingenio de quién esconde y el caza recompensas también va aprendiendo dónde buscar.

Otro tipo es el multi-cache, en donde encuentras las primeras coordenadas en Internet, y llegas a una cajita con nuevas indicaciones que te llevan a un segundo cache que también tiene coordenadas para un tercero, donde está el tesoro más grande.

Así como hay regalitos menores, si tienes suerte puedes encontrar desde dinero hasta CDs o libros. También es posible que te topes con un «travel bug» (bicho viajero) que es un monito de peluche o plástico cuyo objetivo es que recorra el mundo.

Tu misión es tomarlo y cambiarlo de lugar, luego debes ir a la página web oficial (de donde sacaste las coordenadas del cache) e indicar su nueva ubicación.

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CÓMO JUGAR

Lo primero que debes hacer es encontrar las coordenadas de un «cache», para esto existen variados sitios webs de geocaching. El más conocido es Geocaching.com, el cual cuenta con un gran registro de objetos escondidos alrededor del mundo. Uno de los sitios chilenos que tiene una sección para este pasatiempo es GPS Aventura. En ambos, para acceder a la información debes estar registrado. Son servicios gratuitos.

Una vez que creas tu cuenta tendrás que buscar los caches que están más cercanos al lugar donde te ubicas o a donde piensas viajar. Los fanáticos del geocaching no dejan su GPS en la casa para ningún viaje y donde sea que vayan, lo primero que hacen es ingresar en él las coordenadas de los tesoros que están en el área.

Eso sí, no siempre las coordenadas son exactas, ya sea porque el GPS utilizado para registrarlas era antiguo, o el que escondió el objeto o «container» quiere que llegues a un punto cercano y que ahí tengas que pensar dónde puede estar.
Es importante que antes de iniciar tu búsqueda revises los comentarios que otros usuarios han dejado, ya que ahí por lo general puedes encontrar pistas. Eso sí a veces son muy obvias y le quitan un poco la emoción a la búsqueda.

Otro consejo es aprovechar los Google Maps o Google Earth e ingresar ahí las coordenadas para tener una idea de dónde tienes que llegar y cómo lo vas a hacer, porque hay veces que te encuentras con un cerro en la mitad del camino y tal vez la mejor opción era rodearlo antes que subirlo y bajarlo.

Al igual que en las películas de «Indiana Jones», por lo general no conoces previamente cuál es la forma del objeto que andas buscando, aunque en la mayoría de los sitios se te indica el tamaño. Esto hace que a veces llegues a las coordenadas precisas, pero hay tantos lugares donde buscar que puedes gastar fácilmente una hora en la cacería. También es posible que tengas que regresar más de una vez al lugar para descubrir el escondite.

Para que tener una idea de los tipos de container, yo me he topado con una bolita hueca colgando en un árbol, pequeñas cajitas metálicas pegadas con imanes debajo bancas, en rincones de postes o barandas; y diminutas cápsulas metálicas, ya sea pegadas con imán a una reja o colgando bajo una tapa de protección de un poste. Estas cápsulas las puedes encontrar en tiendas de mascotas, ya que las venden para poner los datos de tu Cachupín en el collar.

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En los caches no urbanos es más común encontrar grandes contenedores del tamaño de un tarro de café, por ejemplo.

Si tienes suerte y lograste encontrar el objeto debes firmar el «log book» y después ingresar al sitio web y registrar tu descubrimiento. Además puedes indicar aquí si el cache necesita algún tipo de reparación.

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También puedes crear tu propio tesoro para que el resto lo busque y así la cantidad de caches en tu ciudad vaya creciendo. Para ello debes registrarlo en algún sitio dedicado a este pasatiempo, ponerle un nombre sugerente y entregar las coordenadas y pistas, si corresponde. Elije un recipiente hermético, ya que deberá resistir las lluvias. Una buena recomendación es proteger el log book con una bolsita plástica.

Y recuerda no incluir comida, por los animales tienen buen olfato y harán desaparecer tu cache, así como también objetos que sean inadecuados para los niños, ya que se trata de una actividad familiar.

Fuente:

Por Carolina Lillo desde Tucson, EE.UU.
Revista Mouse

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