El Consorcio EADS Astrium fue el escogido para fabricar el Satélite Chileno

En una pieza de la talla de un edificio de tres pisos, se hace la prueba “marmicoc”. Un ascensor especial baja al subterráneo con una caja sellada de cuatro a cinco metros y de unas cuatro toneladas. Como si hubiera entrado a una ola a presión, se atornilla una tapa de acero en el piso y enseguida la caja se remece violentamente, y se la calienta y enfría a las extremas temperaturas del espacio exterior. Es el test térmico final de un satélite pronto a ser lanzado desde la Guyana francesa. O Baikonur, Kazajstán.

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Estamos en las afueras de Touluse, al sur de Francia, cerca de España, una villa detenida entre la Era Romana y la Edad Media. En un convento está enterrado Santo Tomás de Aquino. Pero más acá es el futuro y en una veintena de edificios hangares se proyectan, se construyen y se prueban los satélites europeos.

Es el centro espacial EADS Astrium, al que, según todos los indicios, el Gobierno de Chile entregará en los próximos días la responsabilidad de fabricar un satélite del tipo de observación de la Tierra. Es decir, no de telecomunicaciones, de TV, ni militar, sino que le permita saber qué se mueve, crece y está pasando aquí abajo.

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