Datos de Campo Invaden el SIG

Actualización en tiempo real, mapas colaborativos y coordenadas de usuario cada vez más presentes en el geoprocesamiento

En el inicio del 2010, un desastre natural en la región serrana de Río de Janeiro, de forma trágica, como estamos pendientes de mapas en situaciones de emergencia. Con la popularización de los celulares, smartphones y tablets con GPS, la localización paso a ser más un “commodity”. En el sector de Servicios Basados en Localización (LBS), coordenadas de usuarios generan una enorme cualidad de datos, que precisan ser procesadas y volcadas a información.
Estarían los datos de campo invadidos en el sector del GIS? La frontera entre los datos de escritorio y móviles está desapareciendo?. Las bases de datos y el trabajo diario se tornan cada vez más colaborativos?

Desde el terremoto en Haití hasta los recientes tsunamis en Japón, pasando por los terremotos de Chile y deslizamientos de tierra en Río de Janeiro, el sector de las geotecnologías pasaron a contar como un nuevo componente para el mapeo de áreas alcanzadas por desastres naturales: la geocolaboración.


En una situación de emergencia extrema, además de sobrevivir al caos, la primera reacción del ser humano es localizarse. Al final, hay varias preguntas para ser respondidas: ¿Para donde se debe ir?, ¿Donde encontrar ayuda o alimento?, ¿Como auxiliar a otras personas?

En los locales donde el desastre acabo con la infraestructura existente, mapas antiguos no tienen utilidad y sirven apenas para comparaciones como el que había y como quedo. En estos casos, es imprescindible poder contar con una cartografía actualizada, de preferencia hechas en pocas horas. Es así que entra el mapeo colaborativo en las imágenes de satélite en tiempo “casi real”.
El terremoto en Haití expuso de manera dramática la falta de mapas de un país. Pocas horas después del evento, la población local y voluntarios de todas las partes del mundo pasaron a elaborar la cartografía de las localidades afectadas, a partir de datos obtenidos por navegadores GPS e imágenes satelitales capturadas por grandes operadores. Esta geocolaboración fue posible a través de OpenStreetMap, un proyecto inspirado por sitios como Wikipedia que tienen el ambicioso objetivo de crear un mapa libre y editable del mundo.

Además de OpenStreetMap, existen varias otras iniciativas de mapeo colaborativo. El propio Esri lanzo el ArcGIS Online (www.arcgis.com), sitio que cuenta con funcionalidades de geocolaboración.
Recientemente, en Brasil, un grupo de voluntarios ayudo a mapear la región atendida por los deslizamientos de tierra en la región serrana de Río, a través de Google Map Maker. Aún en Brasil, otro ejemplo del proyecto colaborativo es TrackSource, en el cual la comunidad genera mapas ruteros para navegadores GPS.

Toda esa colaboración es procesada por la nube digital, que permite a varios usuarios acceder a una misma base de datos y editar un mapa en tiempo real.

Este tipo de tecnología permite que cualquier equipamiento, conectado a internet, vea una estación de trabajo remota, en la cual un usuario puede acceder a mapas e imágenes, analizar la situación al ser redor y ejecutar las diversas actualizaciones.

Otro factor que contribuye con la popularización de la geocolaboración es justamente el uso de celulares, smartphones y tablets con capacidades de localización y mapeo. Es posible, ahora, con un simple teléfono, acceder a internet, buscar por un servicio de mapas online, hacer un levantamiento e indicar si el resultado esta correcto o no. Con esto, los usuarios pueden evaluar un mapa, en tiempo real, fortaleciendo su feedback y alterando su contenido. En aplicaciones de este tipo, la propia comunidad genera, actualiza y evalúa los datos generados.

En este punto llegamos a redes sociales, en las cuales el crowdsourcing es elevado a su máximo nivel, con millones de personas generando o compartiendo informaciones, reacciones y comentarios sobre un mismo asunto.

Sea en redes sociales basadas en desktop (Facebook, por ejemplo) o en dispositivos móviles (Foursquare), los datos sobre localización están presentes para calificar cada vez más informaciones de los usuarios. Son registros sobre posts, puntos de interés, fotos, videos, eventos, viajes, empleos, estudios, check-ins, check-outs y una infinidad de otras acciones que pueden ser “georreferenciadas”.

Todo esto genera una inmensa cantidad de datos para los administradores de las redes sociales y de las empresas que recolectan datos de sus funcionarios. Cabe a los profesionales de mineras de datos la ardua tarifa de procesamientos en grandes masas de contenido georreferenciado para, entonces, encontrar tendencias y generar información realmente relevante.

En este caso, la principal cuestión a resolver: o qué hacer con tanta cantidad de datos? Esto nos lleva entonces al geo data mineral, que es el proceso de encontrar dos usuarios y/o dos contenidos. Esto es que grandes grupos, como Esri, Microsoft, Facefook y Google, hacen cuando lanzan sus soluciones de gecolaboración, registrando los datos en las coordenadas generadas por los usuarios.

NOTA: Datos mineros (o datos de minería) es el proceso de explorar grandes cantidades de datos y procurar patrones consistentes, como reglas de asociación o secuencias temporales, para detectar relaciones sistemáticas entre variables, encontrando así mismo nuevos subconjuntos de datos.

6 billones de Sensores Inteligentes

En un artículo del 2006, bien antes del “boom” de las redes sociales, el investigador del área de geotecnologías Mike Goodchild ya comentaba sobre el inmenso movimiento de geocolaboración que estaba naciendo, llamado “citizens as sensors”. Según él, los habitantes del planeta se convertirían en 6 billones de sensores móviles mapeando la Tierra a través de su conocimiento, sus impresiones y sus registros locales.

Ahora, si tomamos en cuenta que un muestro terráqueo puede llevar consigo, en su celular, un receptor GPS, una máquina fotográfica, una filmadora, un grabador de sonido, un editor de texto, una calculadora, etc. Este número puede aumentar aún más. Además de eso, un auto tiene su propio chip móvil para rastreo y su propio navegador, así como un camino tiene su carga monitorizada y así por delante. O sea, ya debe haber, ahora, mucho más de los 10 billones de sensores sobre la Tierra, que podemos trabajar tanto para el mapeo del planeta como para la generación de datos basados en localización, fortaleciendo informaciones preciosas cobre comportamiento, tendencias de consumo, entre otros “tesoros” del marketing y de la administración.

Definitivamente, los datos de los usuarios invadirán el sector de geo, más el análisis geográfico también invadida hoy en día desde las personas. Es la integración de las tecnologías para el bien de todos, generando nuevas posibilidades y oportunidades de negocios.

Fuente:

MundoGeo

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