Comunas (Maipú, Puente Alto y Quilicura) liderarán crecimiento poblacional de Santiago – Chile

La región metropolitana tendrá 7.421.598 habitantes en 2020, más de un millón de los registrados en el censo de 2002. Maipú registrará un incremento en su población de 132%, constituyéndose en la comuna con la mayor población del Gran Santiago.

Santiago Centro disminuirá de 195.269 a 128.150 habitantes.

Si alguien tuviera que seleccionar las comunas que experimentarán un mayor crecimiento poblacional en la Región Metropolitana de aquí al año 2020, de seguro que mencionará entre ellas a Maipú, Puentes alto y La Florida. En los dos primeros casos no se equivocaría, pero en el último se llevaría una sorpresa.

Una situación similar ocurriría con las zonas que tendrían un menor crecimiento, donde sorprendería que zonas consolidadas como Santiago Centro registrarán un importante retroceso en su cantidad de habitantes.
El análisis fue efectuado por la secretaría regional ministerial de Vivienda con datos aportados por el Instituto Nacional de Estadísticas (INE). El informe fue realizado por los técnicos que trabajan en el Plan Regional del Desarrollo Urbano (Urdu), lineamiento que tiene como uno de sus objetivos ordenar el crecimiento de la ciudad en el largo plazo.
Según las proyecciones, la Región Metropolitana tendrá 7.421.598 habitantes en 2020, más de 1.168.676 de los registrados en el censo de 2002.

La comuna de Maipú será la que tendrá la mayor población (1.249.498 personas), lo que significa 711.554 habitantes más que en 2002. De esa forma desplazará a Puente Alto como la comuna más poblada.

Alzas y Bajas

En la proyección, Puente Alto continuará con un fuerte crecimiento y se ubicará en el segundo puesto. Su población actual es de 545.260 personas y pasaría a tener 930.435 vecinos en 2020, con un incremento de 71%. Le sigue la comuna de Quilicura, que pasará de 144.559 a 293.450 habitantes.
El principal decrecimiento de habitantes lo registrará Santiago Centro. La comuna fundamental sufrirá una disminución de 67.119 personas. Otra caída importante la experimentará Conchalí, que tendrá 47.307 habitantes menos, y Recoleta con 46.105 vecinos menos.

Uno de los principales estancamientos lo experimentaría La Florida, que de tener actualmente 387.889 habitantes, retrocedería en 6.588 menos.

Lo mismo sucede con otras comunas que están consolidadas, que con el paso de los años perderían fuerza desde el punto de vista poblacional, como Ñuñoa y Vitacura, entre otras.

Opinan alcaldes y expertos.

¿Qué incide para que algunas comunas se consoliden y otras sufran un retroceso? El alcalde de Puente Alto, Manuel José Ossandón, señala que el plan regulador que rige en su comuna desde 2003 fue vital para lograr el impulso que han tenido en los últimos años. “Pasamos del boom de las viviendas sociales a las de clase media. El plan regulador incentivó la inversión y generamos las condiciones para tener un equipamiento apropiado”, dice.

Una situación similar a la de Puente Alto ocurrió en Maipú, que tiene un plan regulador desde 2004. Por esa comuna pasan tres autopistas, lo que mejoró su conectividad.
Además, cuenta con más de 15 nuevos proyectos inmobiliarios y una serie de iniciativas comerciales.

El alcalde de Ñuñoa, Pedro Sabat, no comparte las proyecciones, ya que plantea que si comuna ha generado con su política de renovación urbana 28 mil nuevos habitantes en los últimos años.

El asesor urbanista de Vitacura, Andrés Ramírez, tiene una visión similar. “No creemos que las proyecciones se den. Tenemos gran demanda por viviendas nuevas y nuestras normas no expulsan a la población. Además, nos preocupamos del espacio público y tenemos la mayor dotación de colegios del sector oriente”, dijo.

El seremi de Vivienda, Nelson Morales, explica que las proyecciones de población ayudan a identificar los nuevos centros urbanos y potenciar los lugares donde se prevé que habrá una mayor concentración de habitantes, para generar instrumentos que permitan mejorar las condiciones, entre ella, la conectividad.

Planificación y visión de futuro

Pablo Allaard – Arquitecto, Doctor y Master en Diseño Urbano

Muchos se quejan de la pobre planificación y falta de visión de largo plazo en las políticas urbanas y territoriales, pero pocos saben que Santiago se ha planificado por más de medio siglo.
El Plan Regional de Desarrollo Urbano de la Región Metropolitana se estructura como el instrumento que permite la gestión del territorio, establece metas de población para cada centro poblado y jerarquiza la red vial para potenciar la conectividad en un plazo de 25 años. La diversidad de aspectos a los que se refiere el PRDU permite incorporar variables ambientales, consolidando las áreas protegidas existentes y pronosticando el equipamiento necesario para las nuevas familias que ocuparán la región en 2030.

Respecto de las ciudades se pronostica su crecimiento, indicando hacia dónde deben crecer y de qué manera. Así es posible coordinar el desarrollo de la infraestructura en relación con el crecimiento de las ciudades, adelantándose a fenómenos de expansión y ocupación, proceso que no puede ocurrir bajo ninguna instancia ni instrumento que el Estado posea. Su formulación responde a un análisis profundo de las dinámicas de los últimos años, que explican el crecimiento exponencial de comunas periféricas de la capital – fruto de políticas de vivienda social y valoración de suelos -, reconoce factores de decrecimiento de comunas pericentrales y rurales, y corrige aspectos no previstos con anterioridad.

Un plan regional de esa envergadura no debe ser neutro. Antes debiese existir una “visión de desarrollo” común, realista, participativa, competitiva y de largo plazo. Una estrategia que concerte intereses e identifique y comprometa a los ciudadanos y principales actores. Si bien la Estrategia de Desarrollo Regional de 1999 fue actualizada para el período 2004-2010, ésta importante carta de navegación, pese a estar aprobada en todas las instancias regionales y sectoriales, no ha podido ver la luz pública.
Es de esperar que la autoridad promueva y presente tan importante trabajo, de manera que la planificación de la región no sólo corrija anomalías, sino que se haga en forma intencionada, con metas e indicadores claros que permitan mantener noveles de competitividad y equidad que la ciudad-región amerita en el nuevo contexto global.

Fuente:

La Tercera

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